Orfeo: músico místico y héroe trágico

Escrito realizado por Alejo Nobili

Has olvidado las llaves del reino.
¿Has nacido y estás vivo?
Reinventemos a los dioses, a los mitos seculares.
Adoremos los símbolos de los profundos bosques ancestrales.
Has olvidado la lección de la antigua guerra.
Jim Morrison
“Una Plegaria Americana” (1970)

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¿Cuántos músicos prodigiosos de la historia llevaron adelante una vida tan excelsa como su obra musical?1

Siguen pasando los siglos, y siguen siendo muy pocos los artistas que no sólo son virtuosos en su arte, sino también en toda su vida. La sociedad sigue dando crédito incondicionalmente a quienes son considerados “genios” en su producción artística, y les perdona gran parte de sus enormes desvíos, sus comportamientos errantes, la responsabilidad sobre sus trágicas vidas, en nombre de su genialidad, en nombre de lo “artístico”.

¿Por qué siempre asociamos a los músicos a vidas llenas de tragedias y excesos, o por lo contrario…. a vidas absolutamente austeras y aisladas dedicadas sólo al perfeccionamiento de su arte, alejada de todo lujo? 

Es verdaderamente difícil encontrar casos de músicos que no caigan en alguna de esas «categorías»: aquellos entregados a una vida exacerbadamente dionisíaca, o aquellos que se recluyen cual ‘sannyasi’, quien renuncia a todo en nombre de su arte. Nos encontramos ante un límite paradigmático.

Solemos recurrir a la búsqueda de nuevas respuestas cuando llegamos al límite asequible de nuestros paradigmas de pensamiento. Es ante la falta de soluciones, producto de permanecer atrapados en un mismo nivel de pensamiento cuál alegoría de la caverna de Platón, que -en el “mejor” de los casos- surge la angustia que empuja a alguien a encontrar nuevas formas de pensamiento que lleven a considerar lo que antes no era considerado, y así llegar a resultados diferentes.

Dichos límites surgen de una estructura inconsciente en cada quién, que proviene de un otro familiar, que deviene de un otro social, que deviene de lo mitológico2, de los relatos que condicionan todo lo que sucede -y lo que no sucede- en dicha sociedad y, por lo tanto, también en cada persona que conforma esa sociedad.

¿De dónde surge dicho relato inconsciente que traza tan “naturalmente” el camino del exceso, de la tragedia o, por el contrario, de la vida renunciante, en todos los músicos de nuestro mundo occidental?

En la mitología de occidente contamos con la historia de un músico que se distingue por sobre todos los demás, y cuyo relato de vida contiene claves fundamentales y muy movilizantes que aún hoy pide a gritos ser escuchada. Me refiero a la historia de Orfeo.

El canto de Orfeo, en conjunto con el sonido que lograba generar con su lira, era capaz de hechizar a los dioses, a los hombres, a los animales, a toda la naturaleza. Su canto era capaz de calmar a las fieras más temibles y vencer al canto seductor de las sirenas. Podía hacer que el fluir del río se detuviera, que los árboles lo recubrieran, o que inclusive las mismísimas rocas se movieran en armonía con su música divina. Orfeo era capaz de hacer lo que cualquier músico de cualquier época soñaría con lograr al menos alguna vez en su vida.

Orfeo y los animales (1636-1628) de Snyders y Thulden

Orfeo era hijo de la musa Calíope. Algunas fuentes nombran a Orfeo como hijo de Apolo y Calíope, mientras otras fuentes lo citan como hijo del dios-río Eagro, rey de los tracios, y de Calíope. Inclusive, quienes lo reconocen como hijo de Apolo, lo nombran como proveniente del reino de Tracia, región caracterizada por sus celebraciones y rituales dedicados al dios Dionisio, razón por la cual se lo conoce como sacerdote e introductor de ritos mistéricos dedicados a dicho dios.

Apolo y Dionisio son dos de los principales dioses del Olimpo. Apolo es identificado con la luz de la verdad, de la razón, de la perfección, la armonía y de la música. Mientras que Dionisio es el dios del vino, de la fertilidad, y se lo suele asociar con la inspiración de la locura ritual y el éxtasis. Orfeo tenía una buena relación con Apolo, quien le obsequió su lira, una lira de siete cuerdas -que a su vez Hermes había obsequiado a Apolo- pero a su vez, Orfeo seguía una tradición dionisíaca.

Orfeo se casó con Eurídice, una ninfa que se enamoró del canto de Orfeo. Ella, un día caminando por un prado en Tracia, temió ser raptada por Aristeo, y queriendo escapar de él, fue mordida por una serpiente, que le provocó la muerte.

La tristeza de Orfeo fue tal que no podía soportar la muerte de su amada, absolutamente nada podía consolarlo. De su boca sólo brotaban las melodías más tristes. Fue entonces que decidió bajar al inframundo y devolverla a la vida.

«La muerte de Eurídice» (1646-1638) Quellinus

Primero, al emprender dicha aventura, logró encantar con sus melodías a Caronte, el barquero encargado de cruzar en barca el río Estigia -el río del odio-, que separa el mundo de los vivos del reino de los muertos. Logró convencerlo de llevarlo hasta el otro lado del río, lo cual lo convierte a Orfeo en uno de los pocos mortales de la antigüedad en ingresar al Inframundo estando vivo.

Allí se encontró con el terrible can Cerbero, el perro de Hades -el dios del inframundo-, quien no permite el ingreso de los vivos ni la salida de los muertos de allí. El arte de Orfeo era tal que con su música logró calmar y dormir a Cerbero, y continuar su ingreso al inframundo en busca de Eurídice.

Al encontrarse cara a cara con Hades, el dios del inframundo, Orfeo le pidió por favor que éste le devolviera la vida a Eurídice, que le permitiera marcharse de allí con él, y entonó sus cantos para convencerlo. Durante el tiempo que Orfeo cantó allí, todo el inframundo se detuvo por unos instantes a escuchar su canto. Hades permaneció en silencio escuchándolo, y su esposa Perséfone -reina del inframundo- por única vez en su vida, mostró clemencia. La música de Orfeo era tan triste que logró convencerla, y ella le dijo que era posible que él y Euridice volvieran al mundo de los vivos, pero bajo una única condición: que él caminara delante de ella, sin mirar atrás ni una sóla vez hasta que ambos ya estuviesen de vuelta en su casa, en el mundo de los vivos. 

Orfeo aceptó… pero exactamente en el instante en el que él estaba atravesando la frontera que divide el inframundo del mundo de los vivos, sin pensarlo, sin tomar consciencia de las consecuencias que traería lo que estaba por hacer, hizo aquello que dijo que no haría… se volteó y miró hacia atrás, aún cuando ya estaba tan cerca de su cometido, y aún cuando ya habían recorrido un largo trecho hacia efectivamente salir del inframundo. Fue entonces que  Eurídice inmediatamente fue reabsorbida por el inframundo, y Orfeo fue dejado afuera de allí, inframundo, alejado de su amada, y sin posibilidades de reingresar a encontrarla.

«Orphée suppliant ou Orphée aux enfers» (1804) Serangeli

Durante los siguientes tres años, Orfeo lo único que hizo fue seguir cantando las melodías mas tristes, todas dedicadas a Eurídice, y evitó todo contacto con otra mujer, ya que la única que él aún amaba era a su difunta esposa.

Luego de la tragedia que sufrió en el inframundo, él dejó de rendir culto a Dionisio, y desde ese entonces rindió culto sólo al dios Apolo3.

Fue entonces que un día, mientras Orfeo cantaba sus tristes melodías, se le acercaron un grupo de bacantes tracias -mujeres adoradoras de Dionisio4-que querían desesperadamente la atención de Orfeo. Él las rechazó, y fue entonces que las bacantes lo decapitaron y despedazaron. Su cabeza y su lira fueron arrojadas al río Hebro, llegando hasta Lesbos.

«Death of Orpheus» (1874) Philippe Bin

Su lira entonces fue llevada por Zeus al firmamento y convertida en una constelación, donde está rodeada de otras constelaciones formadas por animales, tal como la lira de Orfeo lo estaba en la tierra, cuando con sus dulces melodías eran atraídos y calmados. 

Lacerta, Cygnus, Lyra, Vulpecula and Anser (1825) Sidney Hall – Urania’s Mirror –

La actualidad del mito es total. Conocemos músicos que hechizan con su canto y viven entregados a los placeres dionisíacos sin límite alguno. Sabemos de músicos que son perseguidos por personas hechizadas por sus cantos, y que él las rechaza. Conocemos músicos que, absolutamente enamorados y felices por haber encontrado el amor de su vida, sólo cantan al amor, embelezados. También conocemos músicos que sólo le cantan al desamor y que quedan atrapados en esa desdicha. Y además, sabemos que hay miles de músicos que viven sumidos en su soledad, entregados únicamente a mejorar sus habilidades musicales, recibiendo a cambio mínimo o nulo crédito. 

Pero la pregunta es… ¿en qué se equivocó Orfeo? ¿no es suficiente con poseer el arte de calmar a las bestias a través del canto, de seducir a todo ser viviente, e inclusive a la naturaleza, con su música? Además de aprender de su perfección musical que conmueve a todo el universo -que es aquello que todo “músico” quisiera- ¿qué podemos aprender de sus errores?

Él quiso resolver todo en su vida sólo con la música… y eso tiene un límite.

Solemos pasar por alto que Orfeo hizo un pacto con los dioses y que no lo cumplió. Él prometió a Hades y Perséfone que no miraría hacia atrás hasta llegar a donde tenía que llegar, y sin embargo, no cumplió con su palabra. No hay melodía o canto que pueda tapar ese incumplimiento de su palabra. Más aún, no hay lugar alguno del mito donde él se haga abiertamente responsable de haber inclumplido dicho pacto, sino que lo único que atinó a hacer fue seguir lamentándose tristemente hasta el último de sus días, sin reconocimiento alguno de falla.

A su vez… luego de dicho incumplimiento de su palabra, él dejó de adorar a Dionisio y sólo siguió a Apolo… ¿Qué significa esto?

Los relatos son muy claros respecto de que luego de su intento fallido en volver al mundo de los vivos junto con Eurídice, él se dedicó sólo a cantar melodías tristes, dejó atrás el vino, rechazó el placer, dejó atrás las celebraciones y junto con eso lo que dejó atrás… fue su alegría. Fue entonces que definitivamente perdió su protección. He aquí otra clave que nos confiere la mitología de los antigüos: A los dioses no les gusta el incumplimiento de la palabra, así como tampoco gustan de quienes dejan atrás su alegría en nombre del sufrimiento y la tristeza eternas.

Así y todo, aún nos queda el punto más importante de todos por develar. Aquel lugar que permanece oculto y sólo se hace evidente una vez visto y escuchado. Me refiero a la importancia fundamental del nombre, de la palabra. ¿Y qué es lo que aún no hemos escuchado de este mito?

¿Qué significa el nombre “Orfeo”?

Según el mitógrafo Fulgentius de fines del siglo V e inicios del siglo VI, el nombre “Orfeo” deviene de “Oraia-phonos”, que significa “mejor voz”, pero aquella etimología, aunque muy atractiva, es muy cuestionada por otros entendidos del tema. 

Otro de los posibles origenes del nombre “Orfeo”, mucho más reconocida, es “orphné” (Ὀρφνή), que significa ‘oscuridad’. Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) vincula dicho nombre con que Orfeo tenía piel oscura. Eso se debería a que en verdad Orfeo procedía de la India, y fue quien llevó desde la India a Grecia los misterios de una sabiduría secreta y ancestral. Lo cual da sentido a que todo aquello que él era capaz de hacer y que todo el resto de los mortales no comprendían cómo lo realizaba, provenía de una fuente de conocimiento que era absolutamente desconocida por el mundo occidental. Este punto en particular abre puertas gigantes que no son abarcables en este artículo, pero sí será abordado en siguientes publicaciones.

Por último, otro significado del nombre Orfeo, también muy aceptado entre los expertos del tema, y es en el cual profundizaremos ahora, es orphanós, (ὀρφανός), que significa  “huérfano”…  ‘sin padre’, ‘afligido’ o ‘desolado’.

La falta de padre viene a representar la falta de la denominada «función paterna», y el nombre de Orfeo indica la falta de función paterna en él, desconoce la Ley, nada estaba prohibido para él, desconoció los límites mismos entre el mundo de los vivos y el inframundo, y todo pretendía resolverlo excepcionalmente, sin seguir regla alguna, a través de su música. 

La imagen del músico que desconoce los límites, el “rockstar” que pretende transgredir todo límite y que cuenta con la anuencia de la sociedad, justificándose detrás de su “genialidad”, nos es extremadamente familiar. No hace falta más que ver la historia de vida de músicos tan brillantes en su arte tales como Jim Morrison, Freddie Mercury, Elton John, Jimi Hendrix, o inclusive en un nivel más “local” en Argentina, Charly García, Gustavo Cerati, por tan sólo nombrar algunos pocos casos…

Así como también nos es familiar la imagen del músico que sin ganar un sólo peso, pasa sus días en soledad, cantando tristes melodías que encantan a la naturaleza pero que nadie más escucha, dedicadas a un amor perdido, lejos de toda alegría y placer que tal vez en algún momento lejano vivió. Dicha faceta de Orfeo representa a la enorme mayoría de los músicos, aquellos que no son famosos, pero que sí dedican su vida enteramente a dicho arte, sin llegar a niveles de fama y popularidad al que llegan algunos otros.

Todo aquello y sin dudas mucho más está contenido en dicho mito, en el relato de la vida de Orfeo, que marca los lineamientos de aquel guión que inconscientemente seguimos actuando, sea que conocemos o desconocemos dicho relato. 

Es escalofriante pero cierto, el mito del músico más famoso de la antigüedad, es de un héroe absolutamente trágico. Es curioso que ante la lectura de este mito, casi cualquier persona tiende a enfocar su atención en las virtudes de Orfeo, en la admiración hacia lo que él lograba a través de la música, inclusive lo heroico de su hazaña al ingresar al inframundo en busca de su amada. Sin embargo, es casi nulo el análisis del porqué del fracaso de Orfeo, que -vale mencionar-, aunque no queramos verlo, es sin dudas un fracaso rotundo, que su música no pudo solucionar ni resolver.

Orphée ramenant Eurydice des enfers (1861) Corot

Tenemos la oportunidad de aprender tanto de sus virtudes como de sus fracasos. Es interesante que casualmente Jim Morrison haya escrito en una de sus poesías la frase “reinventemos a los dioses”, ya que particularmente en esta instancia, donde nos encontramos ante los límites que sitúa el mito de Orfeo, una posible solución podría consistir exactamente en eso que escribió Morrison, reinventar a los dioses y generar un mito propio, donde aquello que fue límite para aquel héroe trágico no limite a cada uno de nosotros que decidamos generar y habitar un nuevo mito, y que decidamos atravesar las fronteras que aquel mito talla en el inconsciente de miles de músicos a lo largo de la historia del mundo.

¿En qué consiste ese nuevo mito?

Eso depende de cada quién.

© Escrito realizado por Alejo Nobili

Notas:

1 Aunque en el artículo siempre es mencionado “músicos” en masculino para facilitar la fluidez de lectura, esto es aplicable a cualquier persona, sin limitaciones de sexo o género.

2 ver artículo “La Lógica del Azar” de José Luis Parise

3 Algunas fuentes de los mitos griegos describen a Dionisio como hijo de Zeus y Perséfone. El pacto que realizó Orfeo en el inframundo fue con la madre de Dionisio, Perséfone, por lo cual, luego de sufrir semejante tragedia, Orfeo decidió dejar de adorar al dios Dionisio optó por adorar a Apolo.

4 Dionisio es el nombre que le daban los griegos, mientras que los romanos lo llamaron Baco, de allí proviene el nombre “bacantes” a las seguidoras de aquel dios.

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